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Me complace releer una y otra vez mi maravillosa historia, aunque luego prefiera borrar sus huellas.

Ionesco

Eugene Ionesco era uno de esos personajes literarios y de la literatura que hizo del mundo su hogar. Hijo de padre rumano y madre francesa cuando se vio en la necesidad de ganarse el pan se dedicó a dar clases de francés. Preparando las clases vió que los libros de idioma de su época contenían diálogos totalmente irreales como el de un padre que llega a su casa, besa a su esposa y le pregunta: -¿cuantos hijos tenemos? y la esposa obediente y cociliadora le respondía – tenemos dos hijos y una hija. Vivimos en nuestra casa los cuatro. Con ese material con el que los rumanos aprendieron a decir chez, nous y quatre, Ionesco se fue a tomar unas cervezas con Becket y crearon el “Teatro del Absurdo” bajo la simple consigna de hacer de lo dramatico algo banal y de lo banal algo dramático.  En las obras de Ionesco detalles terribles que darían para la elaboración de un gran drama resultan cuestiones menores y asuntos que normalmente son irrelevantes se transforman en los grandes motores del drama.

Para entender un poco más de que se trata el teatro del absurdo no recomiendo la lectura de ninguna obra de Ionesco sino el foro elatleta.com en el que se resumen las vivencias del I (y para mi ultimo) Marathon Nocturno de Bilbao. Tres tilingos disfrazados y chispeados, uno de ellos con acento argentino, mil y pico de corredores y una organización calamitosa generan 17 cyberpaginas de comentarios como los siguientes:

A los beodos que sacan conclusiones sobre un maratón y que rebuznan acerca de lo bonito o feo de un paisaje urbano de noche (se ve que tenían infrarrojos), quedaros en vuestras madrigueras y no volvais mas por aquí.

Vosotros tres. Sois lamenteibol.No se puede pretender que toda una ciudad baile a vuestro pedo.Sinvergüenzas
No os queremos

pues nada txabales. para otra vez ya sabeis. quedaros en vuestra puta casa y no vengais a joder la marrana.

Para terminar reclamando cuidado en las formas y ofendiendose cuando se los llama intolerantes. Más allá de que se arroguen una representatividad que no tienen, está pobre gente acaban de padecer una de las marathones peor organizadas de las veintipico que llevo corridas y están más preocupados por tres turistas que transmiten una imagen negativa de un evento y de una ciudad que mostraron su peor cara. Rezuman cebo por los poros buscando la sangre de quienes se atreven a cuestionar la imagen que dió su ciudad durante la marathon y harían una hoguera con nuestras carnes por no haber hecho la marathon de acuerdo a su mandato. La gracioso (o patético, según se mire) es que quienes encabezan esa turba enardecida e incivilizada no corrieron la marathon sino que la siguieron como espectadores. Ionesco se hubiera hecho un festín con los corredores del país Vasco.

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