Latinoamericanos
Algo tiene el aire del coño sur. O quizá sea el agua o la mezcla de sangres. Tal vez la culpa sea del polo norte magnético o alguna corriente de agua pero algo tiene la América del Sur que hace que la gente normal desarrolle un especial talento fantástico. Tenemos o tienen (que yo ya no se donde ponerme) una capacidad especial para dejar volar nuestras mentes y construir universos fantásticos que están en permanente contacto con el mundo real. Creo que era García Marquez el que decía que lo que los europeos llamaban “realismo mágico” en Colombia era lo más natural del mundo. Macondo y el linaje de los Buendia eran tan reales como la Torre Eifel o la Lady Di. Borges, Cortazar o Vargas Llosa fueron geniso que llevaron a la literatura pequeñas reseñas cuasi periodisticas del día a día latinoamericano. En Europa creen que “La Guerra del Fin del Mundo” es un relato ficcional o que “Las ruinas Circulares” son una expresión de la angustia existencial del escritor ciego. Y a las pruebas me remito. Hace poco la Presidenta de la República Argentina fue invitada a dar una conferencia en el síndicato de productores de carne de cerdo. Con gran simpatía confesó que fuera de la presidencia, en su vida conyugal, gracias a los efectos de la carne de cerdo tenía grandes alegrías conyugales. En un país normal el debate se centraría sobre la oportunidad de mezclar la vida privada con la pública. En la Argentina generó que las tertulias políticas de radios y televisiones se llenaran de nutricionistas, sexólogos, rabinos, enfermos de disfunción erectil y putas de alto cachet. Durante semanas se discutió políticamente sobre los efectos afrodisíacos de la carne de cerdo mientras el Gobierno invertía grandes esfuerzos en promover el consumo de …. merluza. Cortazar no lo hubiera hecho mejor.
Hoy, otro presidente latinoamericano emprende una campaña esclarecedora acerca de la relación entre la Coca Cola, los pollos de granja, la calvicie y la homosexualidad. Si Bioy Casares o Sábato escribieran algo así se los acusaría de editar historias poco creíbles aún para los estandares latinoamericanos y de recurrir a argumentos remanidos y poco creíbles, pero Evo Morales no lo dice en el contexto de un encuentro de frikies literarios sino como parte de un discurso político. Los franceses no sabían en que camisa nos metían cuando llamaban a la imaginación a tomar el poder.