Que se vayan ellos
Es un argumento que sobrevive al paso del tiempo y que cíclicamente es usado como epílogo de cualquier polémica que cuestione el mundo en el que vivimos. Es un argumento complicado de rebatir porque en el universo del disconforme está siempre la posibilidad de hacerlo. Es un argumento antiguo como la profesión de puta y utilizado de la misma manera: el destierro. Si no te gusta, ¿por que no te vas? Lo escucharon los comunistas argentinos en tiempos de Videla, los españoles que no simpatizaban con Franco en épocas del ídem, los inmigrantes lo escuchamos siempre que levantamos criticamente la voz. Si no te gusta como son las cosas, andate. O vete en versión castiza. Una vez lo hice. Las cosas no me gustaban y me fui y no me arrepiento. En el fondo creo que es eso lo que hay que hacer. La alternativa es el camino de la resistencia mas o menos activa o mas o menos pasiva, que es lo mismo pero visto desde el sol o desde la sombra pero es un camino quiza mas duro que el exilio. Porque la resistencia es tambien un exilio pero sin tener que cambiar de casa. Ser un resistente es saber que cada vez que uno intente ver si ya ha dejado de llover le espeten el consabido, “y si no te gusta, ¿por que no te vas?” o con mas mala leche, ¿por que no te vuelves a tu país?. No jode la pregunta, lo que de verdad jode es de vez en cuando tener ganas de dejarles su puto paraíso y mandarse a mudar y dejarlos en su minimo mundo de miserias. No habría mayor desprecio que dejarlos solos con su inmunda realidad. O mejor dicho, hay un mayor desprecio que es ganarles el espacio y saber que la resistencia ha hecho que no necesitemos jamás devolverles el golpe con la misma moneda. Quiza la cuestión sea que al hecernos resistentes nos hacen mejores y Nietze tenía algo de razón cuando decía que algunas cosas que no nos matan nos hacen un poco más fuertes.